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Arrow

¿No os ha ocurrido nunca que, por circunstancias de la vida, una Playmate con unas tetas (y permítaseme la expresión) como dos botellas de Larios, aprovechando que su anciano marido está de viaje de negocios, os ha invitado a Arrow 1su lujosa habitación del Waldorf Astoria a cenar y, justo en el momento de mayor fragor telúrico del acto sexual, aparece el marido, y tenéis que huir medio en pelotas por el ascensor de servicio, con tan mala suerte de que en ese momento está bajando una vieja y, la muy desgraciada, aprovechando el momento de guardia baja, os da un simposio de tres cuartos de hora sobre Series de Verano? Imagino que si, a mi desde luego me pasa constantemente, y es precisamente por eso por lo que se a la perfección de lo que hablo, queridas Antonias.

Una serie de verano es esa que ha comprado un ejecutivo de la cadena de turno en un momento de iluminación (también se llama que se te caliente el hocico estando de copas) y, no habiendo sabido cuando ponerla, se aprovecha esa ligereza de criterios con la que se configura la parrilla televisiva en verano, para meterla de clavo en 2 meses (se han dado casos incluso de hasta 3 y 4 capítulos por día).

Ejemplos de este tipo de series son: “Jericho” (pasó con mas pena que gloria), “Grimm” (en posteriores entregas escribiré sobre ella), “Alphas” (novedosísima serie sobre jóvenes con poderes, algo nunca visto…) o la que hoy, adoradas mías, os traigo a colación: “Arrow”.

Empezaré diciendo que una serie por el hecho de ser de verano, no tiene necesariamente que ser mala, es simplemente que la cadena no ha apostado por ella, ya sea por falta de promoción, por carecer la misma de actores célebres, o por vaya usted a saber que motivos; en ese sentido, tal actitud me recuerda mucho a cuando Tamara Seisdedos sacó su disco de debut, que la discográfica apostó mas por el ladrillo que llevaba su anciana madre en el bolso que por ella, aduciendo que la pegada era notablemente mayor en el caso del ladrillo, que en el del LP.

Pero dejemos de lado ejemplos de décadas pasadas y centrémonos Arrow 2en “Arrow”. Se le podrán poner muchas pegas a la serie, pero jamás que el titulo no da lo que promete (para los esperantoparlantes diré que Arrow en inglés significa flecha).

La historia versa sobre un apuesto mozo, garrido, bien plantao, de firmes cuartos traseros y perfil chulesco, de abdominal pétreo, sátiro como pocos, de familia mas que acaudalada y limpio como una patena (me recuerda tanto a mi…), que un día, durante un viaje de placer en un barco, naufraga, y pasa 5 años en un islote, sufriendo calamidades hasta que es rescatado por unos pescadores.

Se que muchos os estaréis preguntando, bien, por lo que has dicho, cuando vivía en la civilización era un hombre de posibles, ¿pero cómo andaba de efectivo tras el naufragio?,pues como supondréis, tenía menos dinero… ¡que el que se perdió en la isla!; y una vez hecho el ineludible chiste malo, continuemos.

Tras regresar de la isla con una libretita repleta de nombres de los más pérfidos malhechores de su ciudad que, a modo de relicario, le regaló su padre poco antes de morir en el naufragio, se convierte en un justiciero que, arco en mano, hace el bien en su “Starling City” natal; ¿qué por qué lo del arco?, creo que es evidente, pues porque más vale arco en mano… ¡que ciento volando!, por eso y porque en la isla había un chino con los ojos muy entornaos que le enseñó a sobrevivir, a usar las flechas y a guisar el pollo Kung Pao a la vizcaína (en España lo llamamos pollo a la Pantoja), que tanto gusta por aquellos parajes.

Por lo demás, pues eso, una serie de malos muy malos y buenos muy buenos, de Arrow 3chavalas de toma pan y moja y misterios muy misteriosos; una serie que a pesar de lo poco novedosa y lo predecible que es por momentos, es francamente entretenida.

¿Pegas? Pues hombre, que una serie de este tipo, de 40 minutos por episodio y 23 episodios por temporada, hay ratejos en los que se hace eterna, por lo que sueles encontrarte capítulos de relleno completamente prescindibles para la trama global. Pero oye, seré sincero, prefiero un millón de veces eso a que me peguen unas ladillas, si es que (Dios no lo quiera) algún día me veo en la encrucijada de elegir entre una de las dos opciones. Que espero que no.

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House Of Cards

Tanto en el maravilloso mundo de los deshollinadores en general, como en el de los mozos escobilleros en particular, solo hay una cosa de la House of Cards 1que, indubitablemente, podemos tener certeza año tras año; me refiero al incontrovertible hecho de que una vez que llega el verano, automáticamente llega la fruta, y puesto que el verano ya ha llegado, creo que en un ejercicio de responsabilidad institucional, deberíamos no entrar a valorar qué es lo que es o no es el que no se agache, porque de ese particular ya hay suficiente doctrina filosófica que ha tratado el asunto en profundidad, sin tapujos, ni paños calientes, vaya… ¡como es debido!

Pero lo que sí deberíamos hacer, y para eso estoy yo aquí con el gracejo y donaire que me caracteriza, es ponernos manos a la obra con la crítica de series de televisión que, con británica a la par que flemática puntualidad, os ofrezco a modo de sincero presente mes tras mes, mis queridas Antonias.

Para escribir sobre la serie de este mes antes tengo que hablaros de “Netflix“. “Netflix“, por si todavía queda algún alma cándida y pura que viva aislada en su pequeña atalaya y no sepa de que va la vaina, es una plataforma que ofrece contenidos audiovisulaes en Internet  por streaming (series y películas básicamente) a cambio de una suscripción mensual que varía en función del tipo de paquete contratado, vamos, para entendernos, “Netflix” es a las películas y las series, lo que “Spotify” a la música.

Y os estaréis preguntando… ¿Por qué tanto interés en ilustrarnos sobre una House Of Cards 2plataforma de este tipo? ¿Es que acaso el bueno de Casquete se lleva alguna suculenta tajada por tan amable publicidad? Pues no, señoritas, es solo que este mes voy a hablaros de “House Of Cards“, la primera serie de producción propia de “Netflix” que, como son mas listos que los ratones coloraos, han dicho… ¿por qué cojones vamos a estar comprando series a Showtime, la NBC, la FOX o la UGT (rama de ferrallistas), si podemos hacerlas nosotros mismos y llevárnoslo muerto? Y así ha sido.

House Of Cards” trata sobre la vida, milagros y funcionamiento interno de la Casa Blanca y el Congreso de los Estados Unidos de América, desde el punto de vista de los mamoneos, las puñaladas traperas, los pactos políticos antinatura, y ese largo etcétera que adereza con tanta sabrosura la política de alto nivel. Y alguno pensará… ¿otra vez “El Ala Oeste de la Casa Blanca“? No, amiguitos, “House Of Cards” es mas cruda, mas oscura y con una aureola de férreo cinismo que seguro hará las delicias de los mas exigentes de las Calles Génova o Ferraz.

La idea de la serie de por sí ya debería pareceros que tiene suficiente tirón, pero como se que vuestro nivel de exigencia es incluso superior que el de Alberto Chicote por los flamenquines que acompañan el botellín de media mañana, por si eso fuero poco, los muchachos de Netflix han puesto a House Of Cards 3vuestra disposición como protagonistas de la serie a Kevin Spacey, Robin Wright y Kate Mara, y como director de la misma a David Fincher… ¡ahí es ná! ¡canelita en rama!

Se que muchos me van a preguntar que qué tal anda la serie de tetas y culos, y he de decir que oye, para ser un drama de tema político, que queréis que os diga, no esta mal de choteo, se ven culetes prietos, pechos turgentes y lo que seguro que os levanta la libido a cotas insospechadas, un señor mayor de color negro, que prepara costillas a la barbacoa y que sale en casi todos los capítulos, por insólito e innecesario que pueda parecer, pero en fin, Hollywood es así, y al que no le guste su funcionamiento… ¡que se le seque la hierbabuena! Pues eso, Dios bendiga a América y tal.

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The Following

Edgar Alan Poe, el gran escritor buque insignia de la novela gótica universal, era un sopleras; un tío vinagre que empleaba gran parte de su tiempo en ir de tugurio en tugurio poniéndose hasta las tetas de absenta, y no me pongáis esa cara, Antonias, porque esto que os estoy contando hace ya mucho tiempo que dejó de ser noticia.

La cuestión es que Poe era de morro fino, le gustaba el alpiste de calidad The Following 1por lo que no bebía absenta de esta que ponen ahora en los bares modernos con mucha iluminación y colorido y que no es otra cosa que vodka con colorante amarillo, el bueno de Edgar tomaba de esa absenta con la que si te pones finolis, alucinas en colores, algo así como el Optalidon (que Dios lo tenga en su gloria),  que desde que le cambiaron la composición convirtiéndolo poco menos que en paracetamol, todos los grandes literatos del mundo occidental dejamos de consumirlo.

Seguro que no entendéis muy bien a que viene esta diatriba psicotrópica sobre Poe, la absenta y otras florituras, pues no os calentéis ni empecéis a poner cara de: “¿pero qué martingala sin pies ni cabeza nos está contando este chaval?”, porque todo tiene su sentido y, al igual que las Novelas de a duro tienen planteamiento, nudo y desembrague, y las calzoncillos abanderado son, por definición, de naturaleza reversible, mis argumentaciones tienen su sentido, ya que este mes voy a hablaros de “The Following”, esa serie con mucho recao que hará las delicias de los que se dejan deliciosear, y que está causando tanto furor a este lado del Pisuerga.

Comenzaré por decir que si sois de esas personas que se acongojan y/o/u amilanan con las series de mucho canguelo o que, debido a ciertas afecciones cardiacas producidas por años de exceso y abuso de esa práctica tan castiza que es la de esnifar Pegamento Imedio, no podéis aguantar los thrillers de terror psicológico, mejor poneos a ver “Pasión de Gavilanes” desde la primera temporada, porque esta serie NO es para vosotros.

La serie trata sobre un asesino en serie muy malvado que, inspirándose en los escritores de novela gótica y, fundamentalmente en Edgar Alan Poe, realiza innumerables The Following 2fechorías psicopáticas, lo que, ineludiblemente, hace que acabe entre rejas como en su día “Los Chichos” (una de sus mas famosas melodías decía… ¡No quiero barrotes, no! ¡Quieeeeeero libertaaaaad yo siiiiii!).

Como bien es sabido, siempre que un policía echa el guante a un criminal, este piensa para sus adentros: “¡Mi venganza será terrible!”, así que el pérfido Joe Carroll (así se llama el maloso), organiza una especie de secta para, junto a sus acólitos trastornados, hacer la vida imposible a su exfamilia (una rubia muy mona que se separó de el, y un chavalín de 6 años) y, sobre todo, al policía que le capturó (el bueno de Kevin Bacon) y que hizo que acabara en presidio por una serie de catastróficos delitos que (a su demencial entender) no había cometido.

Me gustaría seguir relatándoos mogollón de vicisitudes mas a propósito de “The Following”, pero esta es una de esas series sobre las que cuantas menos cosas cuente, mejor, no vaya a ser que acabe levantando alguna liebre (en Cinemanía lo llaman spoiler) y cuando me veáis por la calle, me llenéis la cara de dedos por chafárosla.

Desde mi punto de vista la serie es recomendabilísima, muy bien realizada… con guiones muy pulidos… y todas esas cosas; uno se pasa los 40 minutos de cada capítulo en vilo, algo francamente complicado de conseguir en los tiempos que corren.

Y sí, haré la pregunta que estáis esperando, ¿Cambiaría algo de la The Following 3serie? Por supuesto, porque la cabecera de entrada es casi inexistente, si de mi hubiera dependido esa parte, habría hecho una cabecera de un par de minutos con imágenes de una dehesa muy frondosa y una música de fondo cuya letra dijera… que se lleveeeeeen a aqueeeeel, malo del aguaaaaaa, que se lleveeeeen a aqueeeeeeel maloooooo del ríooooo, que se lleveeeeen a aqueeeeeel que hay en las soooooooombraaaas, que se lleveeeeen a aqueeeeeel que hay escondíoooooo, pero a aqueeeeeeel Kevin Bacooooon, que nadie lo toqueeeeee, que lo dejeeeeeen tranquilooooo, que no lo provooooooqueeeeeen, ese Kevin bonitoooooooo ya nacío paaaaaaaaa Federaaaaaaaal, los malvadoooooos lo persiiiiigueeeeeen no lo dejaaaaaaaan descansaaaaaaaar, y ademáaaaaaas de bravuraaaaaaaaa, tiene pintaaaaaaa de Don Juaaaaaaaaan.

Vamos, que si después de ver la serie no me dais la razón en lo de la cabecera de entrada y la sintonía… ¡es que no tenéis corazón!

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Weeds

A lo largo de la historia del Pensamiento Filosófico Universal ha sido una constante, hasta casi rozar el nivel de axioma irrefutable, el hecho de afirmar que la droga no mata. Los Filósofos Presocráticos ya coquetearon con esta Weeds 1idea (además de hacerlo con sustancias alucinógenas del calado de las setas mágicas o las chepas de sapo con LSD); pero fue Platón en su obra “El Banquete” el que afirmó sin un atisbo de duda: “¿La droga es mala? Mira, aquí está la droga, ¿Te hace algo? ¿Te muerde? ¿Te pega? ¿Te araña? ¿Salta y te coge de los huevecillos? ¡Que va a ser mala, hombre!”.

Nancy Botwin, protagonista de “Weeds”, es del mismo pensamiento; y aunque su negocio de venta de estupefacientes se circunscribe únicamente al ámbito de la marihuana, por la parte que la toca podría decirse que es el máximo exponente de la filosofía drogainística de nuestros días.

Porque claro, imaginaos lo que tiene que ser vivir en una urbanización de lujo, cuidando de vuestros niñitos, dedicándoos a vuestras cositas, tocándoos el chuminete a 2 manos, y que de repente le de un infarto a tu marido, se quede mas tieso que la mojama, te veas con una mano delante y otra detrás, y tengas que ganarte la vida vendiendo hierba para mantener el estatus adquirido de los tuyos. Pues ese es el argumento de “Weeds”.

Y se que muchos diréis: “Que vergüenza… vender droga… ¡eso es tirar por el Weeds 2camino fácil!”… ¿camino fácil? ¡Mis cojones! Como se nota que nunca habéis tenido que sacar un negocio de venta de mierda fina adelante partiendo desde la nada… ¡que lo veis to mu bonito!

Si me dijerais que estamos hablando de montar una Empresa de Ferralla, vale, porque eso se hace con la punta de la polla, o que estamos hablando de abrir una Academia de Preparación Olimpica de Cascadores de Almendrucos con los Carrillos del Culo, pues también, porque son negocios que no traen quebraderos de cabeza… ¿pero un negocio de venta de marihuana que estás siempre a palos con la DEA, la competencia de camellos armenios, las vecinas quisquillosas y la madre que los parió a todos? Eso no es cuestión baladí, antonias de mi corazón.

Por eso tenéis que ver “Weeds”, para que sepáis lo que es trabajar duro; bueno, por eso y porque esta graciosa la serie, con tanto fumeta de alto standing pasao de rosca, tanta MILF cachonda deseando dar alivio a algún vecino y tanto choteo californiano. Además, son capitulillos cortos de 20 minutos que cuando quieres darte cuenta ya se han acabado, y aquí paz… ¡y después gloria!

Weeds 3Y cuando hayáis visto “Weeds”, si de verdad seguís pensando que pasar marihuana como es debido está al alcance de cualquiera, venís y me lo decís a la cara, y ya de paso, si una vez que estáis a mi vera queréis dejarme 1 eurillo, pues mejor que mejor… ¡Eh! Que no es para droga, es que me faltan 3 euros para coger el tren que va a Zaragoza…


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Falling Skies

Cerrad los ojos, Antonias. Imaginad que un día estáis tranquilamente tocándoos el higo a dos manos en casita, que os asomáis a la terraza para fumaros un “tres papeles” a la luz de la tiñosa bombilla de vuestra balconada, que alzáis la vista al cielo y que, para vuestro desconcierto (pues aun ni os habéis encendido el canelo), veis una nave nodriza gigantesca que se mantiene flotando en el aire de modo amenazante.

The Falling Skies GalleryImaginad también que esa nave extraterrestre, de buenas a primeras, empieza a lanzar pulsos electromágneticos que destrozan todos los aparatos electrónicos, rayos láser que fulminan a todo bicho viviente y que, lo más indignante, no tienen la vergüenza, ni la poquita educación de dar una explicación de por qué están desolando la tierra.

Imaginad que esos malditos aliens se ventilan (en menos que se persigna un cura loco) a todos los militares terrícolas que luchan para defender la paz mundial y que, los ciudadanos de a pie, tienen que organizar la resistencia con las pocas cosas que van encontrando por ahí tiradas para evitar el exterminio de la raza humana.

Ahora imaginad que esa niña es blanca… coño no, perdón, que me he liao, esto último es del alegato final que hace Matthew MConaughey en “Tiempo de Matar“. Pero vamos, que más o menos habéis entendido a donde quería llegar.

Ese, a grandes rasgos, es el argumento de “Falling Skies”, una serie de estilo apocalíptico, quizá no muy original en la idea pero sí muy entretenida y bien realizada, que engancha al espectador desde el primer momento y que no decepciona, tanto por la calidad del reparto de actores, como por los estupendos efectos especiales o las adictivas tramas argumentales de cada capítulo.

Pero cuando hablamos del trasfondo de esta serie, hemos de ir mas allá, porque Falling Skies 2digo yo… ¿Con qué autoridad vienen unos extraterrestres sin oficio ni beneficio a tirar por tierra el buen nombre de aliens de buena familia que llevan conviviendo entre nosotros desde hace décadas? Decidme, Antonias… ¿Hay derecho a eso? ¿Acaso pensáis que cuando ET se disfrazó de gitana e hizo el ridículo más espantoso de toda la década de los 80 lo hizo por gusto? ¡No señores! Lo hizo para congratularse con los terrícolas y dar una amigable imagen de tonto del pueblo… ¿y vamos a permitir que vengan ahora unos marcianos violentos y degenerados a levantarle los pies del suelo?

¿Y qué me decís de Alf? ¿Alguna vez (gatos a parte) hizo daño a alguien? ¿Montó algún follón, pipa en ristre, a las puertas de un puticlub? ¿Organizó algún tipo de batallón extraterrestre para hacerse con el dominio mundial y subyugar a los humanos? ¡No señores! Porque era un chaval que a cualquier mandao que le enviaras lo hacía sin rechistar, con una sonrisa en el corazón y una opereta en los labios.

Por eso, mis queridas Antonias, tenéis que ver “Falling Skies”, para apreciar la maldad de estos nuevos seres de mas allá de la estratosfera que vienen a manchar el buen nombre y la inmaculada reputación de los extraterrestres de toda la vida, y estar preparadas por si algún día, Dios no lo quiera, os topáis con alguno cara a cara y tenéis que plantaros en la Comandancia de la Guardia Civil a plantarles una denuncia por sinvergüenzas. No podéis perderos esta serie por eso, y oye, porque está muy divertida, y siempre será mejor estar viendo “Falling Skies” que no en la calle robando bolsos de viejas a la puerta Falling Skies 3de Bankia… ¿no?.

Por otra parte, sé que muchas de vosotras diréis: “Anda, que vaya cojones tiene Casquete, menuda serie ha ido a elegir ahora que estamos en Semana Santa y los romanos acaban de dar una paliza de miedo a Dios nuestro señor“. Pues precisamente, porque como todo el mundo sabe, Jesucristo vino del espacio exterior a traer su mensaje de paz y amor a nuestro mundo… ¿o es que no aprendisteis nada en la escuela parroquial? Pues eso.

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Girls

La Real Academia de la Lengua de España, Portugal, Greenwich Village, los Hamptons y las playas de Nueva Caledonia, define el término “Sexo” como: “Todo ese conjunto de metiditas con posteriores sacamientos en forma de patrón reiterativo englobado dentro de una rítmicidad constante, tras el cual uno se echa el denominado por el Ordenamiento Jurídico y la Jurisprudencia de Girls 1los Tribunales, cigarrito de después, paga lo que debe, si es que se debe algo… ¡y a volar!”.

Y que conste que no soy nada partidario de tirar de academicismo en el desarrollo de mis críticas de series pero, puesto que este mes el tema de “Antonia Magazine” será el del sexo en todas y cada una de sus manifestaciones, que menos que clarificar a la concurrencia en qué consiste el asunto, poniendo luz y taquígrafos sobre tan jugoso e interesante tema.

Por eso la elección de este mes no ha sido ni mucho menos aleatoria, he escogido “Girls” porque siendo la publicación de marzo (que es un mes en el que todo el mundo va refocilándose por las esquinas y tapando los agujeros que se le permiten tapar, el de la cerradura del portón de entrada a casa inclusive), y teniendo en cuenta que en “Girls” se ve mucha teta (aunque casi todas candongas), bastante culo (algunos mas firmes que otros) y el mete-saca está mas que presente en prácticamente todos los episodios de la misma… era escribir sobre esta serie o hacerlo sobre “Los Misterios de Laura”, serie en la que el sexo está, si cabe, muchísimo mas presente que en “Girls”, en la medida en que te pasas cada capítulo pensando: “Por Dios, que no se desnude la protagonista o tendré que arrancarme los ojos de cuajo”.

Pero vayamos al mondongo de la cuestión. “Girls” está bien, pero desde mi Girls 2punto de vista tiene un problema serio y es el hecho de que, tanto en la idea como en el desarrollo de la misma, sobrevuele constantemente un pestilente tufillo a “Sexo en Nueva York” completamente prescindible.

Hay diferencias entre ambas series, eso es innegable, por ejemplo“Sexo en Nueva York” tiene mas Nueva York que sexo, mientras que en “Girls” es al contrario. Por otro lado, las similitudes son reseñables, ambas series se componen por 4 protagonistas femeninas, en “Girls” son Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna, mientras que en “Sexo en Nueva York”, y cito textualmente a Chris Griffin de “Padre de Familia” son: “Carrie, Miranda, Samantha y Scrappy Doo”.

Citas de marcada erudición al margen, lo mas notable de “Girls” son sus diálogos, siempre impecables. La idea de la serie en sí no es nada novedosa, unas jovencitas de ventipocos y sus cuitas y desvelos cotidianos en la Gran Manzana: fracasos laborales, fracasos emocionales, contagios venéreos, fiestas muy modernas, alcohol, sexo y atracones a la nevera de madrugada.

Es una serie enfocada a un público femenino pero, a diferencia de otras del mismo estilo, un hombre de pelo en huevo podría aficionarse a ella sin que en ningún momento pudiera ponerse en entredicho su virilidad (al menos por este motivo).

Girls 3¿Mi recomendación? Pues que queréis que os diga, ya que la serie está entretenida, se le ha dado tanto bombo y ha recibido tantos premios de incuestionable prestigio, que menos que verla… ¿no?

Además, que en el peor de los casos siempre podréis aprender algo sobre las parafilias sexuales que más triunfan entre los jóvenes de Manhattan, jamás cometáis el error de pensar que, en cuestiones sexuales, ya lo sabéis todo, porque en ese aspecto, los únicos que tienen un conocimiento absoluto del mismo son los muchachos de la Policía, que fijaos si son listos, que ven condones usados y dicen: “¡Coño! ¡Aquí han follao!“.

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Raising Hope

Febrero es un mes que no solo se caracteriza porque durante sus 28 días busque la sombra el perro (con mas desesperación que acierto), también es ese mes del año en el que, tras apuntaros a un gimnasio para Raising Hope 1neutralizar los excesos navideños, ya se van notando los efectos en vuestros, ahora de nuevo, firmes y tersos culos, mis queridas Antonias.

Por eso la elección de “Raising Hope” como serie sobre la que hacer este mes una crítica desde la responsabilidad, el talante y el hondo sentimiento en la intachable honestidad y encomiable catadura moral de los guionistas de Hollywood, no es ni muchísimo menos aleatoria.

Y es que dicha serie trata sobre un chavalote que acaba de salir de la adolescencia y que, tras una noche de lujuria y desenfreno con una desconocida (si, esas noches que tan a menudo solemos tener los redactores de Antonia Magazine), deja embarazada a la chati que, por desgracias de la vida, es electrocutada 10 meses mas tarde tras ser considerada por un Gran Jurado culpable de ser asesina en serie, lo normal en estos tiempos que nos toca vivir, vaya.

Evidentemente, al bueno de Jimmy Chance (a la sazón protagonista de la serie y padre de la criatura), no le queda mas remedio que hacerse cargo de la pequeña Hope (así es como se llama el bebé que da Raising Hope 2nombre a la serie) y llevársela a vivir junto con sus padres y su abuela senil al cuchitril en el que viven todos juntos y en comandita.

Uno puede pensar que, con un argumento así, la serie va a ser un folletín melodramático de estar todo el día llorando por las esquinas como puta por rastrojo, pero no, porque resulta que el creador de la serie es Greg García (célebre por ser también el responsable de “Me llamo Earl”), así que en “Raising Hope” nos encontramos con una comedia demencial sobre las peripecias existenciales de un padre joven y soltero, enamorado de una cajera de supermercado muy mona pero que, desgracias de la vida, tiene un novio alto, guapo y universitario.

La factura de la serie es muy al gusto de “Me llamo Earl” hasta el punto de que el propio Jasón Lee hace un cameo en la primera temporada que gustará mucho no solo a viudas de moral distraída y a jevis de muñequera de pinchos en ristre, sino también a cualquier Registrador de la Propiedad que ahora mismo se pueda encontrar afincado en Guardamar de Segura.

Raising Hope 3Mi recomendación es que, si erais superultrahipermegafans de las andanzas y desventuras de Earl Hickey y de su bigote kármico, veáis “Raising Hope“, porque la filosofía de comedia es la misma: capitulillos de 20 minutejos con momentos desternillantes y una moralina final lo suficientemente poco azucarada como para que no tengan que venir los muchachos del SAMUR a pincharnos en vena una dosis extra de insulina.

Vaya, que merece la pena verla.

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