Rúbricas Burocratizantes (Primera Parte)

En mi sempiterno anhelo de arrojar algo de luz sobre vuestras sombrías existencias ilustrándoos intelectualmente por medio de ese afán tan Meretrizreiteradamente mío de ser apodíctico a la par que didáctico, aportaré hoy un dato del que probablemente aun no teníais conocimiento y que hace referencia al concepto de burocracia.

Hay un error comúnmente generalizado en lo que respecta a dicho concepto filosófico, y es que la gente cree que la burocracia la inventó Mahoma, cuando su origen es bastante posterior.

Fue el bueno de Solchaga el que la introdujo en la Administración General del Estado, allá por el año 30 antes de Fraga, cuando los Paleontólogos dominaban la tierra. Este término lo acuñó el exministro del PSOE justo después de volver de putas una noche de infausto recuerdo para él cuando, tras observar que le habían desplumado la cartera, dijo con lágrimas en el nabo: “Y a Dios pongo por testigo de que nunca jamás perderé de vista a una fulana por muy andrajosa que sea cuando me la esté aliviando, porque entre requiebros y lisonjas te envuelven en una bruma de densos conceptos matemáticos cuando te dicen… si quieres que a tu boda no vaya… ¡convídame la víspera por la mañana!, una actitud altamente burocratizante para una meretriz de medio pelo”.

Es cierto que muchos no han querido, no han podido o no han sabido Pepe Lechesapreciar del mismo modo que yo en estas declaraciones el origen de la burocracia, pero eso se debe a que es gente que no sabe leer entre líneas, su sensibilidad no esta a flor de piel, pasan por la vida como una maleta y es lógico que no vayan mas allá viendo lo que otros vemos porque, figuradamente o no… ¡ven menos que Pepe Leches!

Y no negaré que mi relación con la burocracia es de carácter íntimo y estrecho en la medida en que, tanto por motivos de trabajo como por cuestiones de placer, tengo que codearme a diario con ella.
Sin ir mas lejos hace un par de días tuve que acudir a una cita de la que de momento, por motivos contractuales, no puedo dar cuenta de cual era su finalidad, pero si diré que consistía en la firma de unos importantísimos documentos; fue entonces cuando la burocracia salió a rondarme, y esto fue lo que ocurrió:

– Kaskete.- Buenos días señorita, venía a firmar una documentación relativa a…
– Secretaria.- Menos prisas, rey moro, no te cameles que estoy en la hora del piscolabis… ¡y eso es sagrao!
– Kaskete.- Disculpa bella flor, es que en lo tocante a descansos retribuidos desconozco la liturgia, quizá porque soy un inocente e inexperto niñito de querubinesco rostro que ignora cuanto ve porque desconoce todo lo que le rodea, mas por falta de experiencia que por carencia de capacidades empíricas y cognitivas.
– Secretaria.- A mi no me quieras enredar por medio de complejas y densasSecretaria oratorias, porque te meto una patá en los cojones… ¡que te dejo doblao!
– Kaskete.- No era esa mi intención, jovencita. Lo que pasa es que tengo en casa un loro que habla como un teólogo, y quieras que no siempre termina uno parlamentando igual que sus mas allegados, es ley de vida.
– Secretaria.- Loro no se si tendrás, pero por tu forma de hablar mucho me temo que al alpiste si que le pegas… ¡y no precisamente al de canarios!
– Kaskete.- ¡Dígamelo con flores, señorita!
– Secretaria.- Lo que te voy a decir pero no con flores, va a ser lo siguiente… ¡maldito degenerado!

(Continuará…)

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