¡No a la Tala! (Cuarta Parte)

– Podadora 2.- Estamos capacitadas para responder cualquier tipo de pregunta por compleja y/o/u enrevesada que esta sea.
– Podadora 1.- Si, que para eso nos sacamos la plaza de funcionarias, y en los temarios que entraban en el examen se estudiaba de todo un poco; en ese sentido podría decirse que lo nuestro fue una transformación hacia la polivalencia gracias al estudio de los temarios para peón, hasta el punto de que, a día de hoy, dominamos a la perfección tantas disciplinas que lo mismo te freímos una camisa, que te planchamos un huevo… ¡y sin darnos importancia!
– Podadora 2.- ¡Amén hermana! Opositando
– Kaskete.- En ese caso procederé a formularos la pregunta en cuestión, ahí va… ¿A que se debe que una mayoría considerablemente significativa de los estudiantes universitarios de Química Orgánica estén a maltraer con el Rodio?
– Podadora 1.- Me alegra que me hagas esa pregunta, precisamente la tesina que elaboramos juntas yo y esta, para el doctorado que se exigía como requisito ineludible al presentarse a las oposiciones de peón de aRbañil, versaba sobre ese tema.
– Podadora 2.- En efecto, la tesis llevaba por titulo: “El Rodio: Ese gran hijo de puta de las marismas de Peal de Becerro (Jaen)”, y en ella, grosus modus, veníamos a manifestar someramente, que es totalmente cierto ese desapego de los estudiantes de Química Orgánica hacia el Rodio, fundamentalmente, por culpa de Rodio Aragón, que hizo un flaco favor al nombre de tan noble metal de transición, haciendo que pasara a la historia como un elemento periódico innoble, al asociarlo con Rodio Aragón, que como era el payaso listo y tocaba el saxo, de endiosao que estaba, siempre iba mirando a todo el mundo por encima del hombro, algo que en la Facultad de Químicas de la Información gusta pero que muy poquito.
– Kaskete.- Una respuesta brillante, se nota que estoy tratando con mujeres de predicamento, pero el caso es que aunque me gustaría echaros un amor o haceros un polvo, no puedo hacerlo, básicamente porque reconozco abiertamente que soy esos que tienen un amor en cada puerto y como en España, la zona del litoral es de una amplitud ingente, me veo en la obligación moral de guardar muchos lutos y perder los menos respetos posibles.
– Podadora 1.- ¿Entonces de mete-saca vagino-parietal nada? Un amor en cada puerto
– Kaskete.- Mucho me temo que no, queridas, pero si me gustaría proponeros un negocio que seguro satisfará a ambas partes litigantes.
– Podadora 2.- Explícate machotón mío.
– Kaskete.- He visto que estáis preparando unas buenas montoneras de ramajes, hojarascas y follaje en general.
– Podadora 2.- Asín é.
– Kaskete.- ¿Que os parece si comercializamos esa hojarasca, reciclándola como papel higiénico para venderlo en zonas de campismo y escalada?
– Podadora 1.- ¿Y con eso que ganaríamos?
– Kaskete.- Hombre, pues de momento acabar con esa falsa filosofía de que en el monte con una piedra basta. Y después, sacarnos unos buenos duros haciendo que el ciclo de la madre naturaleza no se vea afectado gracias al reciclaje municipal.
– Podadora 1.- A mi me parece bien… ¿Pero esto contentará a tu agraviada madre?
– Kaskete.- Si, porque parte de los beneficios que recaudemos los invertiremos en comprarle alguna fruslería, como por ejemplo, un collar de ámbar auténtico de esos que traen dentro de cada cuenta un mosquito… ¡como en la peli de Parque Jurídico!
– Podadora 2.- En fin, yo hubiera preferido que me taparas absolutamente todos y cada uno de los agujeros que atesoro en mi candoroso organismo, pero esto tampoco esta mal.
– Kaskete.- Entonces tenemos un trato.

Y así fue como, gracias a mi elocuencia y desparpajo, se solucionó el colosal Arbol 4agravio hacia mi pobre madre que ahora descansa en paz pegándose unas vacaciones de padre y muy señor mío en el Caribe Neocelandés. Y me llena de orgullo decir que de esta unión empresarial mía con el funcionarizado salió, no solo una productiva entente, sino un gran logro para la humanidad, puesto que fue gracias a nosotros que se introdujo en el panorama internacional la sana costumbre de regalar un CD del violonchelista Pau Casals con cada pack de 6 rollos de papel higiénico, ya sabéis, por la cosa de escuchar un solemne réquiem mientras se guarda un minuto de silencio por la parte de nosotros que se va para no volver cada vez que tiramos con nostalgia de la cadena del váter.

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