¡No a la Tala! (Primera Parte)

Así que estaba yo soñando con angelitos rechonchos, en una especie de Arbol 1duermevela cuando empecé a escuchar como se acababa el mundo. Me incorporé con los ojos medio entornados, haciendo alarde de oniricidad y vi a mi pobre madre… ¡que es una santa!, en mitad del pasillo, de la misma guisa que yo, legañosa, desorientada y aturdida, y la pregunté desalentado: “Madre… ¿ha llegado ya el fin de los días?”, a lo que ella sin dudarlo un instante me respondió: “No, pero cuando acabe con los funcionarios del Ayuntamiento que están podando los árboles desde las 7 de la mañana, te aseguro que desearán haberse topado con los 4 Jinetes del Apocalipsis en vez de conmigo”.

Porque malos son los curas que meten mano a las monjas, o los dueños de animales que capan a sus mascotas; aunque la verdad, peor sería que los curas caparan a las monjas y les metieran mano a las mascotas; pero a lo que voy, voy, hay algo aun peor, y es el hecho de que un funcionario (cuyo leit motiv en esta vida es no dar un palo al agua), para una vez que trabaja, le de por pegarse el madrugón padre para acudir a la puerta de mi domicilio hogareño… ¡que es mi templo!, y despertar a una madre…¡que es todo santidad!, y buena prueba de ello es que durante el pasado conclave en el que se eligió al nuevo Papa argentino, la llamaron a ella para que aceptara el puesto, y dijo que lo rechazaba porque no la salía del higo estar todos los días yendo y viniendo de Roma para currar, y dejando a sus pobres y diminutos hijos desatendidos y al borde de la inanición.

Pero madre no hay mas que ocho… ¡y a vosotros os encontré en la calle!, y por Madrugonello, en un arrebato de gallardía, pundonor, galantería y, sobre todo… ¡españolidad sin límites!, le dije a la mía mamma: “Señá María, no se manche usté las manos y deje que yo me encargue de este asunto, que con el tema de lo que vienen siendo los funcionarios me manejo como pez en pecera. Ahora mismo salgo a la calle a hacer justicia… ¡me van a oír!”.

Ni que decir tiene que mi amada progenitora, con lágrimas en los ojos y pensando única y exclusivamente en mi bienestar, me comentó preocupada y con el caparazón en un puño: “Hijo mío, si vas a salir a la calle a patearle sus putos culos blancos a esos funcionarios decadentes y degenerados, por favor te lo pido, llévate una rebequita… ¡o aunque sea un echarpe!, que es tempranero y refresca”, con que encaminándome hacia mi destino, con una tostada de mermelada de ciruela bajo el brazo (bien sabe dios que, por motivos mas que evidentes, prefiero la de zarigüeya o la de higo, pero no había), y entonando con orgullo y aire muy marcial esa emocionante melodía que diceLlevaaaaaaaaaaaaan colgandoooooooooooo los hombreeeeeeeeeees, un cilindrín uuuuuuuuuun cilindriiiiiiiiiiiiin, que diceeeeeeeeen que es para daaaaaaaaaar, gustirrinín gustiiiiiiiiirriniiiiiiiiiiiiin, unoooooooooos presumeeeeeeeen de un palmoooooo, es la mediaaaaaaaa nacionaaaaaaaaaal, Culos blancospero que no deeeeeeeen la tallaaaaaaaaa es lo maaaaaaaaaas habituaaaaaaaaaal… ¡radiolé!, dirigí mis pizpiretos pasos hacia una suerte cruel e implacable, y al toparme de cara con el funcionarizado, esto fue lo que ocurrió…

(Continuará… )

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