Por el Camino Verde (Tercera Parte)

– La Autostopista.- Anda, no seas mangurrián y déja que te haga un alivio manual, que me lo vas a agradecer ad aeternum.
– Kaskete.- ¿Aquí con mi anciana madre de cuerpo presente? ¡Hasta ahí podíamos llegar! Por favor, haga usted el favor de cesar en sus toqueteos lúbricos o me veré en la obligación de poner el asunto en conocimiento de la Guardia Civil de Aduanas y Fronterismos.
– La Mari.- Y digo yo, señorita… ¿Por qué no se ha cogido usté un táSiS, en Socorristavez de ir de coche en coches ajenos montando numeritos?
– Kaskete.- Está eso precioso, madre… ¿En vez de sacar la cara por su hijo… ¡que está siendo ultrajado!, le pregunta a este espíritu errante que por qué no se coge un táSiS? ¡Inaceptable!
– Yerry.- Tú mejor cállate, que cuando paramos hace media hora a Nuria Roca, bien que la practicaste el boca a coño.
– Kaskete.- ¡Porque se estaba ahogando! El único interés que me movía, carente por completo de animosidad libidinosa, era el de insuflarle energía vital en aras a salvarle la vida, porque tengo alma de socorrista.
– La Mari.- Disculpa la supina ignorancia que alberga esta persona de avanzada edad, pero… ¿Para salvar a una persona de un ahogamiento inminente no se practica el boca a boca?
– Kaskete.- Eso era cuando usté era joven, madre. La técnica ha evolucionado muchísimo. Además, no se a que viene tanto reproche porque bien contenta que se ha ido la muchacha, que le hacían los ojos chiribitas, por no hablar de otras partes mas marcadamente pudendas.
– La Mari.- Si, pero que conteste por qué demonios no se ha cogido un táSiS en vez de ir haciendo dedo, dicho sea esto sin afán rijoso alguno.
– Kaskete.- Lo que vosotros queráis, pero que alguien la diga que deje de hacerse la ahogada y se ponga a hablar, porque de ninguna de las maneras pienso bajar de nuevo al pilón en semejantes circunstancias o en otras de carácter análogo.
– La Autostopista.- Lo que pasa es que me desprecias porque soy tan fea Autostopque cuando nací multaron a mi madre por echar escombros a la calle.
– Kaskete.- ¡Eso es una infamia! Yo única y exclusivamente me fijo en la belleza que hay en el interior… ¡lo aprendí del cuñao de Walt Disney!
– Yerry.- Si, pero lo cierto es que a esta no te la amagas porque es mas fea que un chino inflando un globo, que con todas las que yaces amorosamente son mujeres de rompe y rasga.
– Kaskete.- Por cosas que tienen que pasar, pero vamos, que a toda la que se la meto tiene una vida interior digna de glosar por lo mas florido y granao del Mester de Juglaría.
– La Mari.- Dejar a la pobre criaturita en paz, que solo porque la semana pasada la atropellara un autobús de “La Sepulvedana” y la dejara mejor que estaba, no es motivo para pitorrearse de ella.
– La Autostopista.- Vale ya… ¿no? ¡Que me vais a hundir en la miseria entre unos y otros! Pues no cojo táSiS, porque los llamas y deben venir del último confín de la galaxia, porque cuando montas llegan ya con 10 euros de carrera.
– Kaskete.- Pero 10 euros hoy en día no es dinero.
– La Autostopista.- Ya, pero para acabar desapareciendo 3 curvas mas tarde después de dar señales de nerviosismo y soltar un grito espeluznante, a mi no me compensa llamar a Tele-TaSiS.
– Kaskete.- Si dejas de meterme mano impúdicamente te doy 20 euros y aquí paz y después gloria.
– La Autostopista.- ¡Oh, mi gallardo caballero de reluciente armadura! ¡Mi distinguido hidalgo de dadivoso corazón ! ¿Que haría yo sin tus desvelos? ¿Como he podido vivir hasta el día de hoy sin tus atenciones y tus quereres? ¿Sin tus requiebros y lisonjerías? ¿Como he sido capaz de respirar sin tus halagos y Taxitus atenciones? ¡A mis brazos! ¡Hazme tuya!
– Kaskete.- Que conste que te lo advertí, bájate ahora mismo del coche que tengo muchas novias que atender y no quiero cargar con otro mochuelo mas, y menos aun tener que dar una serie de comprometidas explicaciones por zascandilear con un espectro fantasmagórico en la parte trasera de un coche.
– La Mari.- ¡Ese es mi niño! Que orgullosa estoy de ti.
– Kaskete.- Gracias madre, pero dele zapatilla que esta lo mismo nos alcanza corriendo…

Y así, pián pianito, llegamos a Guadalajara, ya no a maitines, porque el cura párroco había terminado de oficiar, pero recalamos justo en el momento en que aterrizaba la nave nodriza de los Marcianos de V que, disparando fuego por su boca y rayos láser por sus ojos, nos reclamaban, a voz en grito, una serie de impagos de no se qué naturaleza que al parecer les habíamos dejado a deber tiempo ha. Pero esa, es otra historia.

 

 

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