El Advenimiento del Inframundo

Para según que cosas, el cualificado criterio que atesoro y del que hago uso y abuso a modo de atronador altavoz, puede ser mas que autorizado, y reconozco sin sonrojo que, ni es la primera vez que anuncio el fin del mundo a bombo y platillo, ni (si las autoridades competentes no lo impiden), será la última.

Muchos me han insinuado en tono claramente amenazador y esgrimiendo como poderosos argumentos sus brazos culminados en garrapiñados puños, que Que viene el loboesto empieza a ser como el cuento de las ovejas y el lobo, y que como aquel era muy buen turrón, todo lo que sea nombrarlo en vano debería estar perseguido por el Santo Oficio y por la Fiscalía, y castigado con la pena de 78 años y un día de reclusión menor a gastos pagados en un correccional del litoral mediterráneo.

Y aunque mi idea es la de anunciar con alegría el fin del mundo, no es como en otras ocasiones, porque ni se acerca un meteorito que devastará la tierra, ni la capa de ozono se esta agrandando a pasos agigantados y nos va a achicharrar el nabo. No. Lo que voy a hacer hoy es dar cumplida cuenta de una serie de señales en las que últimamente me he estado fijando y que considero que son indicios mas que evidentes de que las fuerzas del inframundo están aflorando a la superficie y el reino del mal esta cerca de apoderarse de la tierra para que demonios, folclóricas, vampiros de ultratumba, y guardiciviles retiraos se apoderen de la tierra campando a sus anchas y haciendo sus barbacoas caníbales y sus festivales de canción ligera cuyos carteles encabezan Pepe Velez y Dyango.

Por lo que yo he podido apreciar, el primer sitio por donde están empezando a dejarse ver estas criaturas, es el Metro de Madrid (efectivamente, el que informa) porque les pilla cerquita del magma del centro de la tierra que es donde viven todos.

Y así, de buenas a primeras, uno puede toparse con un cuarteto de cuerda, con sus componentes impecablemente ataviados con el rigor y la pompa que ello requiere, interpretando piezas de música barroca, entre las que, pulcramente y sin atisbo de despeine, intercalan cuplés de trapío como el de “Donde se mete la chica del 17, y de donde saca pa tanto como destaca” o zarzuelas de la Vampirosaltura de “La del soto del parral”, porque para el que no lo sepa, los seres de las catacumbas son muy partidarios del género chico y es ver representao un sainete… ¡y se les hace el culo pepsicola!

El ascenso de las tinieblas está tan avanzado que es poco menos que quimérico no cruzar una esquina del metro sin encontrarte a un predicador ciego subido encima de una caja de delicias de pescado de Capitán Iglo, con largas barbas y raídos ropajes, recitando a viva voz un sabroso compendio de los pasajes mas amenos del Apocalipsis.

Y si alguien como yo, un niñito de vivaracha actitud y pizpireto proceder, de naturaleza observadora y sandunguera, se fija en estos pequeños detalles y tiene la certeza de que el inframundo esta tomando posiciones, tampoco ayuda mucho que te encuentres de repente con Javier Gurruchaga, transportando bultos sospechosos en varias maletas, con ademán adusto y la inequívoca actitud del que algo trama.

Que uno se tope constantemente con poqueros cuya gorrilla debería apuntar al cielo pero misteriosamente señala hacia Mordor, y que en vez de ir escuchando en el móvil remezclas de grandes clásicos de ayer y hoy de los temas mas fresquitos de Chimo Bayo, vayan oyendo nauseabundos ruidos de insectos, reptiles y otra serie de alimañazas, considero que también es reseñable; puede que esto de los grillos sea percepción mía y esté equivocado, pero es que la música moderna de los adolescentes de hoy en día pierde mucha calidad escuchada en móviles de segunda generación.

InframundoPero lo que es definitivo, es cruzarse por los pasillos del metro con 4 repartidores de Unipost, con sus ambarinos carritos de reparto repletos de propaganda, sus uniformes grisáceos y anodinos llenos de mierda, y su actitud altiva e insinuante que dice: “Amigos… ¡Unipost es grande! ¡Postraos ante nosotros pues somos la flor y nata del buzoneo patrio!”, y si estos muchachos van silbando al unísono una escalofriante melodía con la alegría que caracteriza a la tuna de Farmacia, la cosa esta clara…. ¡¡La invasión de las fuerzas del mal es inminente y el fin del mundo se cierne inexorable sobre nuestras cabezas!!

Que conste que os lo advertí con tiempo, hijos míos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s