Tetas Fuera

Los impecables ordenamientos jurídicos de España, Portugal, Almendralejo (tierra de lúbricos choricillos cuyas 3 primeras rodajas son la envidia de toda la modernidad), la meseta de Torrelodones, el noroeste del Delta de Salamanca y la cuenca de mis cojones, son los responsables de ser garante y salvaguarda de las cosas de salvaguardar. Tanto la Ley de Vagos, Maleantes, Hijos de Puta y Sus Tetas 1Muertos, que fue aprobada exactamente el ventipico de febrero de mil chorrocientos ochenta y algo, y el Texto Refundido del Estatuto de los Deshollinadores junto con la Ley de las Rotondas que encarnan el espíritu constitucional que los padres fundadores de nuestra democracia imprimieron a nuestra Carta Magna, se encargan de que todos los derechos fundamentales sean respetados y defendidos a capa y espada, engrandeciendo, limpiando, fijando y dando esplendor al estado del bienestar, que es el estado en el que se queda uno después de que le claven en el pecho una jeringuilla de heroína mezclada con nitroglicerina y pastillas Juanola.

Esta sentida introducción obedece a una noticia de la que tuve conocimiento hace poco y que decía lo siguiente: “Despiden a una empleada de Condé Nast por enseñar los pechos a sus compañeras”.

El que piense que el bueno de Kaskete va a hacer a continuación una defensa a ultranza de la protagonista del titular, es que esta muy perdido en la vida, porque frente a los que practican la Tetas 2intransigencia y la intolerancia, como es el caso de esa pérfida mujer, la única forma en que se debe actuar es de manera implacable… ¡y con mano dura!

O sea, que está la chavala en la oficina, se pone en tetas… ¿y sólo le enseña los cocos a las compañeras? ¿Y los compañeros que? ¿Acaso son negros como yo? ¿Es que por ventura son chinos como yo lo soy? Y si alguno coincide del mismo modo en que yo lo hago en pertenecer al mismo tiempo a estas dos célebres etnias… ¿hay derecho a que se le esté discriminando de esta miserable forma por motivos raciales? ¿Qué pasa con esos pobres muchachos? ¿Acaso no tienen, ya no solo derecho a ver esos turgentes pechos, sino a rechupetearlos alegremente si fuera menester? ¡Que atropello! ¡Cuanta ignominia! ¡Inadmisiblemente vergonzoso!

Pero voy a ir mas lejos porque la indignación me corroe por dentro y este tipo de despreciables conductas me encienden sobremanera. Dejemos de lado el intolerable hecho de que a los abnegados hombres de esa oficina se les haya vilipendiado de forma infame; pero ¿y las propias compañeras? ¿Esta chica las enseña las berzas y no las enseña el coño? ¡Pero donde vamos a ir a parar por el amor de Dios! ¡Que descaro es este! ¿Por qué tanta indolencia? ¿A qué se debe tamaña desidia? ¿Es que acaso el coño no es también de Dios? ¿Y qué me decís del ojal? ¿Es que no es una noble zona de erogeneidad constatada cercana al caparazón tan digna de enseñar como cualquier otra?

Tetas 3En resumidas cuentas, que aplaudo y celebro con vítores la tan acertada decisión empresarial, y puede dar gracias esta muchacha a que aun me queden 4 o 5 meses para dominar completamente el mundo porque si me hubiera pillado ya en pleno reinado, ahora mismo esa chavala estaría entre rejas, y por un delito que sí ha cometido, el de acabar con la ilusión, la esperanza y los anhelos de toda la raza humana… ¡Hombre ya!

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