Pirámides (Segunda Parte)

Y resulta curioso que la gente tienda a pensar que los viajes espacio-temporales son de muy compleja realización, sobre todo porque son una de esas sencillas cosas que fácilmente pueden llevarse a cabo tras el relax y la distensión que produce haber puesto una pica en Flandes, ya que es el momento mas idóneo para tales menesteres puesto que el ser humano o humanoide tiene todos los átomos despendolaos (el nabo también pero en menor medida) y para desmaterializarse no hay momento mas propicio a lo largo del día. Esto que con júbilo y regocijo os cuento es tan cierto, que se han dado casos de prostitutas que tras acabar una dura jornada de trabajo en un roñoso club de carretera, no han tenido ni que coger el metro para volver a casa.

En mi caso, soy mas partidario de utilizar la clásica (pero no por ello menos eficaz) máquina del tiempo, básicamente porque todos mis procederes son altamente decimonónicos y me entusiasma llevar a cabo mis mandangas a la antigua usanza. Por ejemplo, siempre que uso mi acelerador de partículas me echo un mentolado dentro del túnel de aceleración, porque aunque hace mucho tiempo que no dejan fumar palitroques en el lugar de trabajo, así me lo enseñaron a mi en la Universidad de Massachussets… ¡y con dos cojones voy y lo hago!

Pero no nos desviemos, la cuestión es que le di unos repasos a mi máquina del tiempo porque se me había quedado notablemente abollada después del último viaje (la utilicé para llevar a un amiguete a varear olivos y no tuve la precaución de aparcarla en una pinada en lugar de en un olivar), y con la máquina aderezada, bien compuesta y arreglada, muy aceitada, poco avinagrada y con mano de loco meneada, marqué en el panel de mandos la fecha hacia donde quería viajar, eché medio deposito de sin plomo (para no contaminar el continuo espacio-tiempo que bastante mierda tiene ya de por sí), me até los cordones de las zapatillas como Dios manda, ya que un fallo de cálculo en este sentido puede resultar fatal (si te los atas mal, puedes pisártelos al salir de la máquina, tropezar, caer y quedarte sin dientes) y puse rumbo hacia lo desconocido.

Una vez en Egipto lo que mas me sorprendió fue ver que sus habitantes no caminaban de lao como las Bangles, aunque la mayoría si que tenían cuerpo de persona y cabeza de animal, por lo que revisé bien la ruta de viaje por si me había confundido de dimensión paralela y estaba en Míchigan (allí hay mucho híbrido), y tras comprobar que las coordenadas espacio-temporales eran correctas, busqué una tasca para cerciorarme si era cierto lo de que los egipcios inventaron la cerveza.

Mis indagaciones me llevaron a concluir que esto era falso porque el camarero que me atendió me dijo que lo que ellos habían inventado eran los cubalibres de ron blanco con seven-up, y como yo eso no me lo bebería ni aunque me sacaran la piel a tiras, le dije que me pusiera un chupito de bourbon, me lo bebí del trago, y salí corriendo como alma que lleva el demonio a ver al faraón, para realizar el trabajo que tenía pendiente.

(Continuará… )

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s