Draculadas Modernas


Europa, que es la tierra de las flores de la luz y del amor, Europa, donde sus mujeres todas tienen de las rosas el color, atesora (crisis aparte)
una serie de problemáticas que arrastra desde tiempos inmemoriales (mas o menos desde que reinaban los paleontólogos allá por el siglo 3 antes de Paco).

Uno de esos problemas tan acuciantes es el de la sobreregulación. Para todo hay una normativa, y el hecho de legislar sobre una materia cada 15 segundos, al final acaba provocando que se produzcan ciertas injusticias como, por ejemplo, cuando el Ayuntamiento de Alpedrete se enteró de que Boris Izaguirre tenía lombrices en el culo, y de inmediato prohibió que cualquiera (persona, animal o catedrático de Física Cuántica), arrastrara el ojete por el suelo para evitar los picores, ya que la casa consistorial alpedreteña afirmaba que hacer surcos en el pavimento era patrimonio exclusivo de tractores y de araos.

El caso es que la semana pasada mis amados paisanos de tierras draculenses (y digo paisanos puesto que, después de haber estado en Rumanía mas de 10 veces en los ultimos años, me han otorgado el titulo de hijo predilecto y una ristra de ajos como galardón que lo certifica), fueron protagonistas del siguiente titular: “Rumanía prohíbe por ley poner a los hijos nombres como ‘Paracetamol’ o ‘Culo’”.

Y es que parece ser que con la entrada en vigor del nuevo Código Civil, nombres como ‘Bombero’ o ‘Presidente’ no podrán ser utilizados como nombres propios en mi Bucarest del alma y alrededores.

Y digo yo… ¿Quiénes somos nosotros para señalar como debe llamarse nadie? Y es que si el nombre se utiliza desde el cariño, y la criatura lo acoge con agrado y regocijo… ¿por qué no permitirlo? Porque señores, puedo entender que se prohíba llamar a alguien bombero, ya que si no va acompañado del preceptivo torero es un nombre cojo… ¿pero Culo por qué no? ¿Acaso los culos no son de Dios? ¿Es que un culo no se ruboriza si le das unas lúbricas azotainas? ¿No llora si lee un folletín romanticoso de Corín Tellado a la luz de un candil? ¿Es que por ventura no hay culos por los que uno vendería su alma al diablo sin pensarlo 2 veces para según que menesteres? ¿Acaso los culos no sienten y padecen como los demás? ¿Es que no respiran como cualquiera de nosotros? (Vale, puede que quizá sean mas de expirar… ¡pero para el caso es lo mismo!).

No señores… ¡respetemos a los culos!, porque todos tenemos uno (aunque algunos ocupan el espacio de dos) y tienen tanto derecho a que no se vulneren sus garantías constitucionales como un nabo duro o una almeja a la marinera (bien depilada se sobreentiende).

Amigos, no entremos en la dinámica de prohibir por prohibir, ni de restar derechos fundamentales en nombre de ideologías en las que ya nadie cree, porque con los buenos culos que hay por tierras rumanas, el hecho de que esta prohibición entre en vigor supondrá que los romanís tendrán que renunciar a parte de sus señas de identidad; y si seguimos así… ¿qué será lo próximo? ¿Limarle los colmillos al Conde Drácula como en una capea de medio pelo? 

Visto que la promulgación de esta ley es inminente, el único consuelo que me queda, es que a propósito de las tetas no se ha comentado nada, y eso, quieras que no, siempre alegra el corazón.

 

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