Evoluciones Lingüísticas. Hoy: Kinkón

Si por algo he destacado a lo largo de mi inmaculada trayectoria, además de por provocar a mi paso desmayos a señoritas de todo calado social con edades comprendidas entre los 21 y los 45 años, debido a mi poderosa y pétrea capacidad muscular, mis querubinescas y agradabilísimas facciones con el impecable punto de bravura que imprime la barbita canalla, y mi inconmensurable paquetón del que, por prudencia, no haré mas descripciones que las que a la vistan saltan, es por mi defensa a ultranza del dinamismo idiomático y la normalización evolutiva del lenguaje castellano.

Hay académicos que, mas por mala fe que por impericia doctrinal, propugnan que el lenguaje es un instrumento monolítico e inamovible que solo debe digievolucionar con el paso de los siglos, o como ellos mismo afirman… ¡con el tiempo y una caña!; Yo desde luego no soy de los que navegan dejándose mecer por el sosegado oleaje de las taimadas aguas de tan despreciable corriente lingüística, porque negar la evolución idiomática es algo enfermizo, mezquino y repugnante, casi tanto como la actitud de una hipotética chavala con las tetas gordas que para, a su criterio, evitar males mayores, se opera los cocos para reducir el tamaño de los mismos, algo de todo punto inadmisible porque si Dios hubiera querido que tuviera menos globos, la habría bendecido con una tabla de planchar… ¡y una vaporetta Polti!

Pero no nos desviemos del tema, por jugosas que puedan ser estas otras disquisiciones, a donde quería ir a parar es a que el otro día se me llenaron las cuencas mineras de los ojos con lágrimas de emoción al conocer la siguiente noticia: “Intentan que el término “Kinkón” se incluya en el diccionario de la RAE”.

Llena de alegría y regocijo pensar que la gente joven viene pisando fuerte con emocionantes iniciativas como esta, porque si hay alguien que merece entrar por la puerta grande y figurar con letras de oro y platino en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española tras habérselo ganado a pulso por meritos propios, ese sin duda alguna es “Kinkón (King Kong).

Y es que en un país como el nuestro donde el 90% de los miembros que conforman la clase política parecen mandriles descerebrados y en el que el pueblo llano o populacho da evidentes pruebas de tener menos capacidad que un mono de culo pelao al seguir votando a los partidos mayoritarios casi por inercia y sin criterio alguno, si hay alguien que tiene que estar presente en nuestro lenguaje, es el gorila mayor del reino… ¡Kinkón!

Pero ya que nos ponemos a repartir méritos a troche y moche, yo propongo que puesto que lo rancio, lo casposo y en definitiva, lo decimonónico está siempre en la vanguardia de nuestra actualidad gracias a folclóricas que campan pizpiretas por tierras de Castilla, algún que otro torero venido a menos y los pocos Guardias Civiles de bigote en ristre y antigua escuela… que menos que aceptar también (aprovechando el viaje) como nuevo término del diccionario de la RAE, la palabra “Godzilla, para hacer referencia a esos tiempos de orgullo y pundonor en los que Sara Montiel, Juanito Valderrama y Palomo Linares (el gran espada) paseaban palmito y trapío por este Parque Jurásico que es España y que tantas tardes de gloria ha dado a sus nacionales, siempre con la permisividad del buen clima y el beneplácito de la autoridad competente.

Y sin mas me despido, no sin antes dedicar unos vítores a mis cojones, que seguro que, visto lo visto, pronto serán propuestos de modo inexorable para alguna noble y alta empresa, cosa que a buen seguro, os llenará a todos de regocijo y algarabía.

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