El Fin de una Era

 

¿Cuánto tiempo hace que me conocéis, mis muy estimados lectores? ¿Días? ¿Meses? ¿Años? Estáis al tanto de mi bagaje existencial y de mis andanzas por los 748 mares. Vosotras, amadas lectoras, prácticamente todas habéis saboreado el salino sabor de mi tersa piel y acariciado mis musculosos y pétreos pectorales cincelados a golpe de gimnasio, y vosotros, abigarrados y pertinaces lectores de género masculino, habéis admirado fervorosamente mi impecable trayectoria literaria como si de la vuestra se tratara.

Por eso sabéis mejor que nadie que soy una persona ponderada que ha hecho filosofía de vida del pacifismo, la mesura y la ponderación, que jamás ha utilizado el argumento de la fuerza frente al del raciocinio y la oratoria, aun sabiendo a ciencia cierta que si me liara a repartir hostias… ¡me quedaba solo!

Pero para todo en la vida hay una primera vez y a grandes males, grandes remedios; se que la violencia es el principal recurso del incompetente, pero cuando uno se encuentra en una encrucijada de caminos, ha de optar por la decisión que considera mas correcta y que suponga un punto de inflexión que marque la senda de lo políticamente incorrecto, para que un revulsivo de este tipo pueda cambiar la naturaleza de las cosas.

Seguro que os estáis preguntando en un estado que aúna el miedo y la incertidumbre, qué es lo que ha ocurrido para que un niño de mirada limpia y rostro angelical, un jovencito como yo, que de bueno que soy cualquier día me salen alitas de ángel y me gano una plaza a media jornada en el cielo de las mascotas, haya llegado a este punto. Ese cambio se ha producido a raíz de una noticia que leí recientemente en la prensa y que es la siguiente: “¿El fin de la Pantera Rosa? Sanidad podría prohibir la venta en colegios de bollería poco saludable.

Con que sanidad pretende prohibir ese delicioso y nutritivo pastelillo que es la Pantera Rosa… ¿eh? Pues oíd esto amigos del Ministerio… ¡por encima de mi putrefacto, abúlico e inerte cadáver! ¿En base a qué se hacen unas afirmaciones tan injuriosas? ¿Dónde están esos execrables e injuriosos estudios que demuestran que ese tipo de bollería no es saludable? Y sobre todo, que de la cara el que los ha realizado… ¡porque se la voy a partir!

Mas de 4 generaciones han crecido mas sanas que una pera limonera gracias a la meriendilla de la pantera rosa… ¿Y ahora va a venir el lobby del sándwich mixto haciendo una campaña de intoxicación y desprestigio hacia tan suculento manjar? Pues señores, los que en su día con la mano en el pecho manifestamos nuestra adhesión inquebrantable hacia los bollitos de la Pantera Rosa somos legión, y no daremos por perdida esta batalla sin luchar, porque no solo nos defendemos como gato panza arriba… ¡sino que estamos dispuestos a morir matando!

Los que estamos del lado del empirismo, la cordura y el buen juicio, sabemos que tenemos la razón de nuestra, y si hay que tirar de navaja y llevarnos por delante a uno de esos miserables científicos a sueldo de esa mano negra que pretende acabar con la pantera rosa… ¡pues se tira! Y luego si nos quieren encontrar… ¡que nos echen un galgo!, porque somos mucho de tirar la piedra y esconder el nabo y, acto seguido, poner pies en polvoranca.

Y no negaré que a mi en concreto me une una especial relación afectiva para con el pastelillo de la Pantera Rosa hasta el punto de que, cuando me enteré de la noticia que arriba os he dado, triste y cabizbajo, escalé la colina mas prominente de la ciudad y, pensativo, entre una espesa bruma que lo envolvía todo y con la mirada pesarosa, melancólica y lúgubre, saqué uno de esos maravillosos bollitos de mi zurrón, posé la mirada en el infinito y, con un sentimiento que procedía de lo mas profundo de mi caparazón, le miré a los ojos y comencé a cantarle a media voz…no hagooooooooo otra cosaaaaaaaa que pensaaaaaaar eeeeeeeen tiiiii, poooooooooor halagaaaaaarteeeeeeeeee para que seeeeeeeeeeee sepaaaaaaaaa, tomeeeeeeeeeee papeeeeeeeeel y lapiiiiiiiiiiiiiz y esparcí, las prendaaaaaaaas de tu amoooooooor sobre laaaaaaa meeeesaaaaaaaaa…

Se conoce que debe ser por eso de que nunca echamos de menos algo, hasta que lo hemos perdido… ¡cuan injusta es la vida del repostero!

2 Respuestas a “El Fin de una Era

  1. Hasta dónde vamos a llegar, Kasks, hasta dónde…

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