Archivo mensual: mayo 2012

El Ángel Caído (Segunda Parte)

Las palabras del Inspector calaron hondo en mi espíritu y, pensativo, no tuve mas remedio que acercarme al bar mas cercano y beberme 2 botellas de Coñac Calasparras para meditar sobre el sentido de la vida, la importancia de mi misión y el desconcertante hecho de cómo es posible que Bob Esponja tenga una barbacoa al lao de la piña en la que vive, si en el fondo del mar los del SEPRONA no dejan encender hogueras so pena de darte una solfa de hostias y una patá en el pecho de esas que te dejan al borde del telele, si te pillan tostando chorizos criollos.

El hecho de que El Niño que Descubrió un Incendio mientras Cagaba hubiera mentido de una forma tan sumamente descabellada, había hecho que me planteara todos mis esquemas y filosofía de vida; fueron muchas las cosas que antes aceptaba como verdaderas sin rechistar y que ahora estaba poniendo en tela de juicio, y de ese modo empecé a preguntarme… si este niño al que se le presuponía inocente y puro, paradigma de sinceridad… ¡ejemplo de candor y pureza!, había mentido en lo de limpiarse el culo… ¿Quién me dice a mi que, por ejemplo, Ramón “El Yonki de Pitis” no se ha inventado también toda su existencia y, ni le mola fumarse una platita cada dos por tres, ni jamás ha atracado un banco (un Banesto), ni el director de su cárcel, Matías, es un maricón? ¿Y las Hermanas del Baptisterio Romano? ¿Acaso me puede alguien asegurar que no son Ciborgs que han construido el baptisterio con decorados de cartón-piedra y del siglo primero no hay ni un mojón?

Llegué incluso a pensar, en mi desesperación, que Espinete era el que iba dentro de Chelo Vivares y no al revés, y que Don PinPon viajaba tanto, no porque fuera marchante de productos Avón, sino porque trapicheaba con mierda de la fina y por eso las cámaras de Barrio Sésamo nunca entraban en su casa.

Evidentemente, así las cosas, no me quedó mas remedio que ponerme manos a la obra para desentrañar aquel misterio del Niño del Cagao y poder de esa forma volver a conciliar el sueño en las frías noches de verano en las que, acompañado en la cama de 10 o 12 chavalas, me embarga la soledad y el insomnio y no puedo hacer otra cosa que ponerme a realizar actividades de carácter impúdico a la par que libertino con las mozas para no pensar en la misión, porque otra cosa no tendré, pero yo agujero que veo… ¡agujero que tapo!

Tras muchas pesquisas, alguna que otra llamada, mover algunos hilos y cobrarme un par de favores que me debían, conseguí que me adelantaran la fecha de la cita con el médico de cabecera para que me mirara las aLmídOlas, que me molestaban un poco; después de eso busqué en las páginas amarillas la dirección del niño y encaminé mis pizpiretos pasos hacia su confortable y dulce hogar sin salirme en ningún momento del caminito de baldosas amarillas.

Cuando llegué a tan majestuosa morada, toda de impecables acabados en calidades de contrachapao y yeserío fino con mucho papel de flores en las paredes y revestimientos en rico amianto, me pregunté cómo no habría salido ardiendo antes la casa, le enseñé la placa al niño, me dijo que en mármol quedaría mejor, me cagué en todos sus muertos y, tras enseñarle las fotos que obraban en mi poder, y hacer como que se desmayaba montando un numerito dignó de “Amar en huevos revueltos”, pasé a interrogarle y esto fue lo que ocurrió…

(Continuará)

El Ángel Caído (Primera Parte)

Dentro de un paquete envuelto en papel de estraza y atado con una goma. Así es como siempre me enviaban las instrucciones y documentos que componían mi siguiente misión los muchachos de la central de EUROPOL sita en las oficinas de la C/ del Ijar Nº 5, en Arroyoculebro (Leganés).

Tras haber desenmascarado a Manolo el del Bombo y haber demostrado indubitablemente que en los partidos del Atleti no pegaba zurriagazos al celebérrimo bombo, sino que la ejecución rítmica era en Play Back y después de haber descubierto que la furgoneta del Equipo A, llevaba 4 años sin pasar la ITV y las pegatinas de la parte superior izquierda de la luna delantera eran burdas falsificaciones, mi prestigio en la brigada era mas que considerable.

Si, en su día hubo quien consideró un duro varapalo para mi carrera el hecho de que no pudiera demostrar científica y fehacientemente (por culpa de una mala praxis procesal ajena a mi persona), que las mondas de patata de la tortilla que se servía en Casa Pepe (ubicada en lo alto de Despeñaperros), eran radioactivas y de ahí que el dueño sea medio subnormal y tenga tantas fotos de Franco adornando el Bar, pero chico, hasta el mejor escriba echa un polvorón, y más en el fatigoso e inclemente camino a Despeñaperros, que son todo puticlús de carretera.

Pero lo que jamás hubiera esperado es lo que encontré dentro de ese papel de estraza pringao con los restos de grasa de un pepito de ternera; lo primero que hice tras ver las fotos fue frotarme los ojos y, tras cerciorarme de que los documentos parecían auténticos, derramé litro y medio de acibaradas lágrimas que, evidentemente, y para que nadie dijera que el recalentamiento global es por mi culpa, utilicé para regar los geranios que lucen pintureros en mi florida reja. Después realicé una llamada telefónica a la central y mantuve una conversación con el Inspector Jefe que en estos términos transcurrió:

– Kaskete.- ¿Inspector jefe?
– Inspector.- ¡Un hombre al aparato! Valga la antítesis… ¿Quien requiere mi inefable atención?
– Kaskete.- Se presenta ante usted el Agente Especial Kaskete… ¡limpio como una patena y en edad de merecer! ¡Dios salve a Bob Esponja!
– Inspector.- Hombre Kaskete… ¡contigo quería yo hablar! ¿Que son estas facturas que me han traído los de Recursos Humanos, y que ponen de evidencia que colocaste a la INTERPOL, que ya no existe, un pufo de una mariscada con 3 chavalas desnudas de cintura para abajo que…?
– Kaskete.- Por favor se lo pido, Señor Inspector, que acaban de enterrar a la Sardina hace 2 o 3 meses, pensaba que a los miembros de la cúpula de EUROPOL se les presumía un tacto y una discreción propia de tan altas instancias, no es el lugar ni el momento para nombrar la soga en casa del cuchillo de palo.
– Inspector.- No creas que pasaré por alto tu hedonismo exacerbado, tu falta de ponderación lúbrica, tu poquita educación, y esa fea costumbre que tienes de rondar a mozas casadas, guitarra en mano y, una vez que las has sacao to los cuartos y la información pertinente… ¡dejarlas plantadas en el Juzgado de Guardia con la demanda de divorcio en ristre!
– Kaskete.- La salvaguarda del estado de derecho requiere de métodos que puede que algunos tilden de inmorales, pero que son necesarios para que el sistema no se desmorone.
– Inspector.- Y dime, querido Kaskete… ¿Para qué me requieres con tanta celeridad?
– Kaskete.- Es que he recibido las instrucciones y documentos anexos de mi nueva misión y estoy descorazonado, me embargan las cosas de embargar, la consternación se ha instalado en mi espíritu desde que vi las devastadoras pruebas… ¿no hay ninguna posibilidad de que estemos ante alguna especie de montaje orquestado desde las mas altas esferas?
– Inspector.- Me temo que no, todo lo que has visto es totalmente cierto.
– Kaskete.- Pero esas fotos muestran una secuencia de imágenes en la que se ve al Niño que Descubrió un Incendio Mientras Cagaba, salir corriendo como alma que lleva el diablo, sin avisar a nadie y con el culo lleno mierda, lo que echa por tierra esas afirmaciones suyas de que estaba cagando, se limpio el culo y avisó a Ester diciendo… ¡Venga, venga! ¡Que viene el fuego!
– Inspector.- Si, y es por eso por lo que te hemos encomendado a ti esta misión, la estabilidad mundial y el futuro de nuestra civilización puede que dependan de esos dos carrillos llenos de mierda…

(Continuará…)

Ciegos y Lúbricos

Si hay algo que se me ha reprochado a lo largo de mi extensa y dilatada trayectoria (no diré larga y dura porque luego todo son requiebros y lisonjas) no solo en la literatura, sino en todos los ámbitos en los que he interactuado (incluyendo aquí el apartado del mete-saca lúbrico, o como lo denominan los jóvenes La Caidita de Roma), ha sido mi marcada suspicacia y mis reticencias a la hora de no aceptar las cosas como vienen, sino reflexionando sobre ellas para dar una vuelta de tuerca a determinadas cuestiones, cerciorándome fehacientemente de que no hay gato encerrado (o como dice Iñaki Gabilondo, de que no hay gato acostao).

Este tipo de conducta lejana a lo displicente y amiga de la complacencia, me ha llevado a numerosas confrontaciones con eminencias de todo tipo al cuestionar determinados estudios, pero también con mozas lozanas, morenas con garbo, rubias de infarto y pelirrojas de predicamento ya que, al cuestionar según que actitudes y/o/u protuberancias en pleno acto sexual, parece que uno, lejos de quedar como erudito, puede acabar aparentando ser un sátiro y un picajoso.

Pero cada uno es como es,y como yo de la suspicacia he hecho bandera y patria, cuando el otro día leí en prensa estos dos titulares que enunciaré a continuación, empecé a sospechar que había cierta relación mas explícita que implícita entre ambos. Los titulares son los siguientes:

1.- “Un pene es confiscado por la policía”
2.- “Lanzan una publicación pornográfica para ciegos”

Llamadme paranoico si queréis, decid que soy un incrédulo receloso que ve fantasmas por todas partes si os place, comentad en petit comité si lo consideráis oportuno que doy demasiadas vueltas a las cosas, despojadme, si os parece pertinente mis queridas lectoras, de mis ropajes y aderezos y disfrutad lúbricamente de estas carnes fibrosas, este torso apolíneo y esta planta hercúlea si así lo deseáis, pero no digáis que no es sospechoso que, nada mas confiscar un pene, salga al mercado una publicación pornográfica para ciegos; esto debería ser, cuanto menos, motivo de reflexión, porque hace sospechar que alguien esta haciendo uso y abuso en lo que a confiscaciones genitales se refiere.

Y al fin y al cabo los caballeros (además de preferirlas rubias) podemos estar tranquilos porque el pene ya esta confiscao, pero vosotras amadas mías, deberíais poneros en cuarentena durante una temporada, porque en toda película pornográfica para ciegos que se precie debe hacerse alarde de almejas (bien a la marinera, bien en su propio jugo) y de pechos (a ser posible hermosos y de exuberante turgencia), con lo cual lo mismo un día estáis en una manifa gritando consignas pegajosas y os trinca la Guardia Civil de Tráfico e, invocando el artículo tropecientos uno de la Ley de las Rotondas, os confisca vuestras partes pudendas y luego a ver con que cara vais a la revisión ginecológica anual sin higo ni cocos.

Porque no nos engañemos, yo siempre fui de los que dijo que los de la ONCE las cuajaban en el aire y no seré el que ponga pegas a una publicación de mete-saca que alegra, quizá en este caso no la vista, pero a fe mía que sí el tacto de los abnegados invidentes, y puesto que nadie quiere donar su nabo a la ciencia y parece ser que la vida sin chochete no es una tómbola, yo que vosotras, queridas mías, tiraría de cinturón de castidad o me pintaría un candao en las partes nobles, por lo que pudiera pasar.

Yo por la parte que me toca ahora mismo voy a ponerme a rezarle una novena a Santa Clara para que no se le ocurra a nadie sacar una publicación pornográfica de temática gay para ciegos, porque le tengo cierto cariño a mi ojal, y como dijo Jean-Paul Sartre en su obra Los Caminos de la Libertad: “Por el ojete… ¡ni el bigote una gamba!”.

American Horror Story

Mis queridas Antonias, sea por la cantidad ingente de cartas impecablemente manuscritas y correos electrónicos impolutamente aderezados que me enviáis, que se os hace poco menos que insoportable esperar a que llegue este mágico momento del mes en el que os abro mi corazón y os brindo mi sincera y cualificada opinión sobre la serie del mes. Pero no sufráis porque ese momento ha llegado, relajad vuestros firmes y tersos traseros y disfrutad de la lectura de mis ocurrencias… ¡porque ya estoy aquí para todas vosotras!

A estas alturas del partido, a ninguna de vosotras se le escapa que, puesto que soy un jovencito emprendedor de aquerubinado rostro y terso cutis, e ignoro por completo lo que es la maldad, por lo general suelo hacer criticas bastante amables acerca de las series de mi sección, pero no siempre puede uno ser así, y es que si no le das de vez en cuando con una vara de fresno a los productores de Hollywood hasta que los mueles a palos, se te acaban subiendo a la chepa… ¡y eso es de una ordinariez intolerable

Por eso este mes os hablaré de “American Horror Story”. Cerrad los ojos, imaginaos una serie ingeniosa, que mantiene la tensión en todo momento, cuyas tramas argumentales son de una agudeza y originalidad supinas y en la que los personajes están tan magistralmente construidos que no has terminado de ver un capitulo, cuando quieres empezar a ver otro… ¿la estáis viendo? Pues ahora abrid los ojos, mirad bien y escuchadme: esa serie NO ES de ninguna de las maneras “American Horror Story”… ¡ni por asomo!

Porque “American Horror Story” es un despropósito de principio a fin; os aseguro que di miles de vueltas en la cama intentando sacar algo positivo de tamaño engendro, consulté con la almohada, la almohada consultó conmigo; en mi ausencia, el edredón convenció a la almohada de que la serie era mala de narices y finalmente, cama, almohada, edredón y yo, llamamos al programa de Sandro Rey para que nos echara las cartas y nos abriera los ojos a por qué alguien en su sano juicio decide emplear cientos de miles de dólares y un tiempo precioso en hacer una serie tan aburrida, tan soporífera y tan inmunda.

En teoría estamos ante una serie de terror y fantasmas, pero la factura es tan chafardera que, a mitad de la primera temporada, ya ni miedo da; como mucho provoca asco y es que tengo la impresión que sus creadores, en un intento desesperado por contentar al personal (ya que asustar poco y enganchar menos), van echando mano de twitter para ver que dice la gente y acaban por tirar de casquería que, como bien sabe Ana Obregón (pues en Ana y los 7 le dio muy buen resultado), nunca falla… ¡Pues ni por esas!

Los personajes están tan lamentablemente construidos y tan difuminadamente perfilados que se hace poco menos que imposible identificarte con ellos, hasta el punto de que lo mismo te da si les cortan la cabeza o si les untan guindilla por el ojete, estás mas pendiente de las actualizaciones de tus contactos de Facebook que de la serie.

El núcleo central de la serie versa sobre una familia que compra una casa encantada y los fantasmas pululan día y noche (con mas pena que gloria) por ella, añadiendo a esto el genial aderezo de un embarazo incomprensible de la madre de familia; pues bien, cuando la serie va avanzando y los protagonistas se dan cuenta de que como no se vayan de la casa les van a dar para el pelo, resulta que, por culpa de la normativa urbanística de De Guindos, la mala racha del mercado inmobiliario, y la madre que parió a los mercados financieros, los pobres muchachos no pueden vender la casa, prefiriendo jugarse la vida cada 10 minutos en lugar de irse por ahí de alquiler. En fin…

¿Mi recomendación? Que ni se os ocurra ver esta serie porque será la perdida de tiempo mas grande de toda vuestra santa vida; os indignareis, pataleareis, y os cagaréis en todos los vivos de los responsables de esta barraca de feria. Por eso aviso, porque lo último que querría yo en esta vida sería que albergarais un ápice de odio en vuestros corazones hacia cualquiera de vuestros congéneres.

American Horror Story” es una completa pérdida de tiempo, un espectáculo tan lamentable como atroz, un ejercicio de cómo no hay que hacer las cosas. Con deciros que me dio mas miedo la versión que hicieron Antonio Resines y Pepón Nieto de “Cheers”… ¡os lo estoy diciendo todo!

Reconozco que no soy hombre de fe, pero si hay alguien arriba que vela por nosotros por favor le pido que de orden a sus angelitos de que construyan un Cementerio Indio encima de la casa de la serie, para que los productores se den cuenta de que una segunda temporada es completamente innecesaria. He dicho.

http://www.antoniamag.com/series/american-horror-story

Cuatro Pares de Gallinas

Nunca he entendido muy bien esa actitud de reproche y tono peyorativo de los que recriminan a nuestra España de charanga y pandereta, eso de ser rancia, casposa, de oler a perro mojao y a cuco y de no ser representativa de nuestras señas de identidad. En su “Réquiem para una mujer” allá por el año 1951, dijo William Faulkner, y cito textualmente: “Si hasta el nabo, todo es toro… ¿Por qué no considerar a “La Charanga del Tío Honorio” como parte mas que significativa de ese temperamento tan particular y sabrosón que tienen los españoles, los portugueses, los ceutís y los melillenses de pro? ¿Acaso esa lamentabilidad congénita que llevan grabada a fuego en su código genético no es un rasgo único y distintivo del que carecen por completo todas las civilizaciones a excepción de la ibérica?

Y si, puede que a Faulkner le gustara mas el vino que a un tonto una tiza y que por eso en todas las fotos de archivo que se conservan de el, sale con la nariz mas roja que el ojete de una perdiz torda, pero… ¿Acaso los borrachos y los que se dejan toda la paga extra de verano en el Bingo no dicen siempre la verdad?

Yo no reniego de esa España de charanga y pandereta, pero no porque no quiera… ¡sino porque no puedo!, y es que es poner la televisión 5 minutos y rara es la vez que no sale algún español, ya sea de esos por el mundo o de los españoles por España, que no aparezca haciendo el ridículo mas espantoso sin siquiera ponerse colorao. La prueba de lo que os relato hoy se refleja, por ejemplo, en algo que vi la semana pasada en un reportaje que hacían los muchachos de “Las Mañanas de la 1”, a puerta de Juzgado, cuando entrevistaban a una señorona que había sido protagonista del siguiente titular: “Lleva a su cuñada 5 kilómetros encima del coche por causa de una disputa por una herencia“.

Seguro que pensáis que este es el clásico enfrentamiento entre parientes por culpa del vil metal y que la noticia tampoco es que sea de relumbrón. Pero señores, donde se demuestra el talante y la condición española no es en el hecho de transportar a una cuñada en la vaca del coche; el gracejo castizo y el salero cañí de esa España profunda que a todos nos alegra el corazón aparece cuando, tras preguntar el reportero que por qué había llevado así a su cuñada pudiendo haber provocado una desgracia irreparable, la señora contestó, y os doy mi palabra de que esto lo vi con estos almendrados e iridiscentes ojazos míos que tanto gustan entre el público femenino: “Es que no sabía si era mi cuñada o 4 pares de gallinas”.

¿En que momento el españolito de a pie perdió de tal modo, ya no solo los papeles sino la capacidad de observación, como para confundir a una cuñada con 4 pares de gallinas? ¿Y estas gallinas como eran? ¿Cluecas o sin cluecar? ¿Eran ponedoras o punidenses? ¿Tenemos que dar gracias a que, puesto que hay fotos de la épica hazaña, la cuñada no fuera confundida con una vaca? Lo digo mas que nada porque imágenes como la de una señora entrada en carnes y en años siendo ordeñada en lo alto de un utilitario, fueron las que llevaron a H. R. Giger a componer esa magna obra, fantasmagóricamente onírica, delirante y angustiosa que puede que tuviera mucho valor artístico, pero que lo atormentó durante toda su existencia.

Si yo tuviera que mojarme y elegir, que duda cabe que preferiría fotos de tías buenas, antes que de adefesios en lo alto de un Seat Ibiza, y cuidadito con mirarme por encima del hombro, que también hay por ahí gente que prefiere dos tazas de te, en lugar de dos tetazas… ¡y yo no les digo nada!

Juegos Poloneses

Impudicia, desvergüenza, infamia, procacidad supina, abyección sin límites; podría elaborar un Tratado de 700 páginas utilizando únicamente como recurso estilístico la sinonimia (y que mi editor en un acto de coherencia muy de agradecer, no recortara el panfletucho ni un ápice), para referirme por enésima vez a la falta de profesionalidad y de decencia de algunos componentes del gremio de Cronistas de lo Cotidiano al que pertenezco y del cual soy imagen, bandera, blasón, punta de lanza, pica de Flandes… ¡y ejemplo a seguir!

Pero en última instancia, la finalidad que preside todos mis actos en este valle de lágrimas que tantos sabores acibarados nos proporciona a los niños de buen corazón es, como tantos millones de veces os he explicado desnudo de cintura para abajo, la de ser sumamente apodíctico sin por ello tener que dejar de resultar didáctico a los ojos de vosotros, mi abnegado público, mis fieles lectores que tantos ánimos me brindáis para que siga con esa encomiable labor de adoctrinaje y enlucimiento de cerebelos en orden a encauzar vuestros mas íntimos pensamientos, conduciéndolos a la mas profunda de las fosas abisales del surrealismo de bolsito de mano y neceser, del delirio de todo a 100… ¡de la catarsis del disparate y el sin sentido!

Porque cuando antes me refería a esa impudicia, a esa falta de decoro, cuando hablaba de esa procacidad sin límite y esa infamia obscena, lo hacía porque no puede uno intentar ser flor de los periodistas, espejo del cronismo… ¡y honra de los reporters!, revistiendo de novedoso un titular que trata una noticia, que si bien es noticiosa, no es menos cierto que tiene mas años… ¡que la navaja de un melonero! Por eso cuando tuve conocimiento de la siguiente noticia no ha mucho tiempo, mi indignación alcanzó cotas insospechadas: “Investigan juegos entre adolescentes polacos consistentes en dejar embarazadas a chicas.”

O sea… ¿Que jugar al teto es algo novedoso? ¿Que meterla en caliente para posteriormente proceder a sacarla a temperatura ambiente en innumerables ocasiones, estableciendo un patrón de reiteraciones con determinadas variables de carácter posicional, pero aportando un ritmo digamos uniforme y de carácter lúdico, es algo digno de interés periodístico?

No amigos, tratar temas tan manidos como este desde el morbo y la desvergüenza teniendo en cuenta que en Polonia por norma general se folla menos que en la comunión de Tintín… ¡es irse a comer delante de los pobres! No respetar los sentimientos ni el infortunio sexual de esos muchachos que no ligan ni pagando es, volviendo al símil culinario, hundir en la mas absoluta de las miserias a jóvenes que no solo no comen en caliente desde que su madre les daba la teta al sol, sino que pasan mas hambre que los pavos de Manolo que se comieron una radio porque estaba sonando “Trigales Verdes”; y eso, desde mi humilde punto de vista, es una inaceptable falta no solo de tacto, sino de lo que mas me duele en este mundo… ¡de rigor periodístico!

¿Que en Polonia los chavales quieren ir haciendo bombos a troche y moche? Pues fenomenal, pero a estas alturas ni eso es noticia, ni creo que sea motivo de investigación de ningún tipo. ¿Que cual sería una investigación buena? Pues por ejemplo enterarse de si es cierto que cuando al nacer Paquirrín la Pantoja preguntó que qué era, y el ginecólogo lo dejó caer al suelo y dijo: “¡Si rebota es un sapo y si vuela un murciélago!”; ahí si estarían bien empleados los impuestos del noble y abnegado pueblo polaco… ¿qué no?

Sin Gerundios

A grandes males, grandes remedios. Esta es una máxima que en determinadas partes del mundo se ejercita con rigor castrense haciendo caso omiso de términos medios o soluciones de chichinabo. Cuando nos encontramos ante un problema de proporciones faraónicas, hay que cortar por lo sano y, como dijo Schopenhauer: “Las medias no son buenas ni pa las piernas, y las tintas no convienen… ¡ni pal coño un calamar!”; sumar 2 mas 2, queridos amigos y os dará un resultado de 75 pi medios, o lo que es lo mismo, que las medias tintas no son buenas consejeras.

Lo que sí es un remedio de garantía, es atajar los problemas con soluciones cuanto mas grandilocuentes e inverosímiles mejor. Salomón en su día ya dio buena prueba de ello cuando quiso cortar a un niño en rodajitas para ponerlo en los cubalibres de sus súbditos mas selectos e incondicionales, y por ese mismo patrón debe regirse el devenir solucionaticio de cualquier problemática… ¿Qué nos atenaza la crisis? Cortamos un tierno infante por la mitad… ¿Qué Hitler invade Polonia? Echamos mano de una vara de mimbre y otra de fresno, con una le marcamos la cara y con la otra le trabajamos el ijar y el calcañal, para que no meta los hocicos donde no le llaman… ¿Qué no follamos todos? ¡Pues la puta al río!; y así, sucesivamente.

La noticia que os proporciono a continuación es una de esas que alegra el caparazón de los hombres y mujeres de predicamento porque es de esas que no da pie a la especulación… ¡una solución magistral a todas luces!, y es la siguiente: “Un gobernador brasileño prohíbe el uso del gerundio”.

El problema es que este tipo de diligentes medidas no suelen ir exentas de cierta polémica a la par que de algún que otro rasgar de vestiduras y mesar de cabellos. El gerundio es un animalito gramatical de naturaleza sensible y frágil pero marcadamente altruista, y aun así, es un pobre incomprendido al que nadie defiende a capa y espada cuando vienen mal dadas.

La cuestión es que tanto en los Casinos Indios como en las Reservas de la zona de al lao de Mississippi ha cundido el pánico, porque claro, los indios que ven ceniza de la pipa de la paz y dicen: “¡Coño! ¡Aquí han fumao!”, han afirmado en un tono inadmisiblemente chabacano: “Vale, el gerundio nos chupa un webo… ¡pero como prohíban el infinitivo nos cagamos en Dios!” Los chavales le han visto las orejas al lobo estepario y han pensado en voz bajita: “Ahora a nuestra edad, como nos hagan ponernos a conjugar los verbos en vez de seguir utilizando las formas no personales del mismo… ¡nos van a buscar una ruina muy grande!”; así que han cogido los bártulos y han tirao para Brasil, y por el camino han ido sacándole punta  tanto al nabo como a las flechas, para lanzárselas a los cojones a este incomprendido gobernador.

Por otra parte, Raimundo Amador está también acojonao porque tenía comprometidas una serie de galas y/o/u recitales por la Costa Penibética de Brasil y claro, al llamarse su guitarra Gerundina, no sabe si va a poder realizar la gira con ella o va a tener que tirar de bandurria, instrumento este que, dicho sea de paso y por el bien de la humanidad, debería haber sido erradicado de la faz de la tierra hace millones de siglos… ¡y con ellas la Tuna Compostelana de Farmacia al completo!

Yo, con respecto al lenguaje y la sintaxis soy poco amigo de prohibir nada, es mas, siempre he propugnado el uso indiscriminado del mese, del haiga, del por casi y del sin en cambio, y soy uno de los máximos impulsores de que cada uno haga con la “d” intervocálica… ¡lo que le salga de la puntal nabo! (o en su defecto de la puntaL coño, Dios mediante).

Así soy yo amigos, todo amor y semanticismo… ¡como Lord Byron!