El Poder de Dios te obliga (Quinta Parte)

– Maestro Reverendo.- ¿De que manta vas a tirar tú, desgraciao? Aquí lo tenemos todo por lo legal… ¡corruptelas ni una!
– Adepto Nº 2.- Te voy a decir una cosa, Adepto Nº 1, y no te lo tomes a mal porque te lo digo desde el cariño que sabes perfectamente que te profeso… ¡pero eres un hijo de la gran puta, un metemierdas y un cabronías, que tiene el corazón negro!
– Adepto Nº 1.- Esta claro que desde que cumplimos lo criterios de convergencia con Europa aquí ya no se respeta a nada ni a nadie. Me siento vilipendiado, injuriado, calumniado y agredido… ¡y todo por hacer ejercicio de mi legítimo derecho a la Libertad de Expresión!
– Maestro Reverendo.- No querido. Si te he leído la cartilla no ha sido con el afán de conculcar ningún derecho fundamental, sino por tu execrable manía de tocar los cojones y no respetar a un hijo de viuda… ¡que es algo sagrao!
– Adepto Nº 2.- Si mi pobre padre, que en gloria esté, levantara la cabeza y viera como la gente quiere aprovecharse de mí por culpa de mi penosa condición de huerfanito…
– Maestro Reverendo.- Además, Adepto Nº 1, para ti tenía reservado un poder de muchísimo mas alcance que el de los Rayos Equis, pero después de esta bochornosa escenita, no se si te lo mereces
– Adepto Nº 1.- ¡Oh, Gran Maestre de esta magnificente Orden Sectaria! ¡Tiene usted un corazón que no le cabe en el pene!
– Maestro Reverendo.- Evidentemente, sobre todo porque el corazón humano no se encuentra alojado en la oquedad cavernosa del miembro viril, mas comúnmente denominado nabo, sino dentro del caparazón humano o cascarón homínido. Pero en fin, aunque no estamos en Navidad y, precisamente por eso aun no ha nacido el redentor, seré benevolente y te haré entrega de tu extraordinario poder.
– Adepto Nº 1.- ¿Y de que poder se trata, Maestro? ¿El de volar majestuosamente con capa en horario de Drácula? ¿El de hacer estallar objetos con el poder de la mente? ¿Quizá el de la invisibilidad? Este último me vendría fenomenal para poder ver tías en bolas que, en definitiva, es para lo que quería los Rayos Equis…
– Maestro Reverendo.- No es ninguno de esos, es uno muchísimo mejor…
– Adepto Nº 2.- ¿Mejor aun? A ver si voy a haber hecho el gilipollas quedándome con los Rayos Equis…
– Adepto Nº 1.- Pues si ha sido así… ¡te jodes y bailas!
– Maestro Reverendo.- A mi entender es muchísimo mas valioso, y es que el poder que, por la gracia de Dios, en este acto formal te hago entrega es… ¡el de tirarse pedos sin parar!
– Adepto Nº 1.- ¿¿Pero qué cojones??
– Adepto Nº 2.- Es la primera vez desde que falleció mi padre, que verdaderamente me alegro de ser hijo de viuda…
– Maestro Reverendo.- Contento… ¿verdad?
– Adepto Nº 1.- O sea… ¿que desde el erudito punta de vista del Maestro Reverendo Masónico de esta maravillosa secta, tirarse pedos sin parar es mejor que la visión de rayos equis?
– Maestro Reverendo.- No hay color.
– Adepto Nº 1.- Hombre en este caso la cosa tiene mas que ver con el olor, ahora, que ya le digo que esto no quedará así, a partir de hoy juro por la gloria del cuñado de Rocky que emplearé todos mis medios y esfuerzos en acabar con esta Miserable Congregación…
– Maestro Reverendo.- ¿Te das cuenta Adepto Nº 2? El mundo está lleno de desagradecidos.
– Adepto Nº 2.- Y usted que lo diga, Maestro… y usted que lo diga

Cuando la conversación llegó a este punto instalándose en estos términos, me alejé trotón de aquel Templo abandonado de la mano de Dios, porque mi naturaleza grácil y delicada huye de todo tipo de conversaciones mundanas que traten lo escatológico. Los caballeros de mi posición conversan sobre grandes pechos cuyo hipnótico movimiento sugiere el de una lámpara de lava; los hidalgos de mi altura charlan con sus allegados sobre satinados culos cuyo aderezo recuerda la firmeza y tersura de una roca volcánica; los señores de mi posición hablan sobre almejillas a la marinera que le hacen evocar a uno lúbricos momentos de una lujuria mas que inusitada… ¿pero hablar de pedos y mierderías? No señores, eso no va con los de nuestra condición… ¡que somos de morro fino! ¡cojones!

2 Respuestas a “El Poder de Dios te obliga (Quinta Parte)

  1. Lo escatológico para el retrete!

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