El Poder de Dios te obliga (Segunda Parte)

Así que, pián pianito (como suele decirse en los cuentos que versan sobre lobos priápicos, abuelitas ninfómanas y teenager cachondas), me encaminé hacia el Templo de Poder y Milagros sito en el Paseo de Santa Maria de la Cabeza Nº 12 de Alcalá de Henares (Madrid), C.P.: 28.807, con la esperanza de que el Maestro de Ceremonias (mediando sacrificio humano o no) arrojara algo de luz (sin taquígrafos) sobre esta existencia mía que atesoro y que me conduce entre mis congéneres humanoides mas entre brumas y tinieblas, que por medio de la luz divina que parece no iluminar mi guiar por el sendero acaminado de baldosas amarillas.

Pero como vosotros sois unos cachondos y lo veis todo muy fácil y muy bonito, pensaréis que para un cronista de lo cotidiano, un repórter de postín o, en resumidas cuentas, un profesional del periodismo como la copa de un pino como soy yo, que tengo los huevos pelaos de infiltrarme (no las articulaciones, que también), me resulta francamente sencillo introducirme en lo mas oscuros y recónditos parajes y de ese modo sacar la noticia adelante… ¡pues estáis muy equivocados!, porque este tipo de sectas que prometen tantos beneficios a cambio de nada, tienen unos medios de seguridad muy punteros y, si cuando entras al recinto sectar, al pasar por el arco voltaico de seguridad, el mecanismo detecta que eres periodista, te da un calambrazo en el la puntaL nabo… ¡que te quedas medio subnormal!, si es que no lo estas ya, como por desgracia es mi caso.

Afortunadamente, como soy mas listo que los cascarones coloraos, tengo a mi disposición tantos recursos que, a mi lado, James Bond parece un tonto de los cojones, y se que para espiar sin peligro un evento de estas características, lo mas efectivo es hacer un agujero en la pared (mas comúnmente denominado bujero) y desde esa discreta atalaya circular observar con sigilo lo que ocurre en el interior.

Creo que no es necesario apuntar que, por si se presentan este tipo de situaciones peliagudas, siempre llevo encima mi berbiquí de oro y brillantes porque en esta abnegada profesión en la que todo es entrega, nunca sabe uno que pared habrá de horadar… ¡ni que agujero tendrá que tapar!, pero por si algún día os veis en un lance de ese tipo, he de advertidos que la circunferencia que tracéis con el instrumental quirúrgico oportuno, ha de ser el resultante de la suma de los cuadrados de los catetos de los vértices de la Gran Pirámide de la Punta de Mi Nabo, dividido entre la hipotenusa de la base de la planta de la Basílica de Mis Santos Cojones, todo ello dividido otra vez entre un millón de trillones de centímetros cúbicos, que es la distancia que hay de aquí a Jerez de los Caballeros y volver.

Y si aun así esta ecuación alquímico-matemática os resulta demasiado compleja, con que tengáis en cuenta que el tamaño de la circunferencia tiene que ser lo suficientemente grande como para que os quepa dentro la polla y un huevo será suficiente (eso si, no los metáis dentro para cercioraros… ¡que tenéis menos luces que un candil!), y de este sencillo modo podréis observar sin ser vistos y dar cumplido testimonio de lo que pueda ocurrir en el interior.

Así pues, una vez que hice el agujero observaticio, comencé a escuchar con gran interés lo que ocurría en el interior, y pude ver como el Maestro Reverendo Masón que oficiaba la ceremonia se dirigía a sus acólitos del siguiente modo:

(Continuará… )

 

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